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25 de octubre de 2009

Crónica de una cirugía anunciada (I)

Son las 10 de la mañana y hace un frío que pela. Camino con paso tímido hacia la clínica donde voy a operarme. Estoy temblando, aunque me atrevo a decir que no se debe únicamente al frío otoñal. Atravieso la puerta de la clínica. De la próxima hora dependerá cómo vea el resto de mi vida... Ya sé que suena melodramático, pero es que me ha parecido ver salir a alguien llorando de aquí. 

Comento en recepción que tengo cita para la operación de miopía... que por favor, la anulen cuanto antes. Bueno, eso sólo lo pienso. La chica me sonríe -¿o se compadece?- y me toma los datos. Me dice que enseguida vendrá una enfermera a ocuparse de mi. Paso junto a mi familia a una sala de espera con dos hermosas pantallas de plasma colgando del techo. Me pregunto si no les sobrará una para llevármela a casa.

Casi no me da tiempo a sentarme, cuando mi enfermera me llama para hacerme unas pruebas rutinarias previas. Me explica brevemente cómo va a ser la operación y lo que tengo que hacer los siguientes días tras la intervención. El discurso me suena, porque llevo días dándole vueltas a cada detalle de la operación y creo que me lo sé de memoria. Asiento con la cabeza y la observo detenidamente en silencio, mientras me cuenta los riesgos de la cirugía. Creo que contratan a enfermeras jóvenes y angelicales para distraerte y que no prestes demasiada atención a sus palabras... porque si no, en este preciso momento habría salido corriendo.

Después regreso a la sala de espera con mi familia. Allí, un tal Leopoldo, acompañado de sus padres, espera también para ser intervenido de lo mismo que yo. Nos cuenta que, en realidad, él tenía 18 dioptrías, una cantidad fuera de los límites de acción del LASIK, por lo que le pusieron hacía ya unos meses una lente intraocular (ICL para los que entienden) que había conseguido mejorar su visión reduciendo hasta 17 dioptrías. Y ahora iba a ser intervenido con láser para quitarle esa última dioptría residual. Y estaba allí, tan tranquilo, leyendo una revista de motor pasada de fecha, como en la peluquería. Yo en su lugar hubiera pedido trabajo en la ONCE, y me hubiera olvidado de todo.

En ese preciso momento entra otra enfermera que llama a Leopoldo. Éste se incorpora despacio, y camina hacia la puerta, muy enjuto y resignado. Pobre chaval. Era tan joven... Los padres no hacen ni una mueca. Permanecen fríos como el témpano mientras se llevan a su hijo hacia un destino incierto. Luego, vuelven a su lectura del periódico. Desde luego, hay gente que no tiene corazón.

Cinco minutos después, cuando alzo la vista observo que en las pantallas de plasma han puesto el nombre del chico. ¿Qué significa ésto? De repente en la pantalla se distingue una forma inicialmente borrosa, que en seguida se torna nítida: Es un ojo. ¡Dios mio! ¡Es el ojo de Leopoldo ! ¿Es que vamos a ver su operación en directo?... Si, así es. Nos van a ofrecer su intervención en vivo... ¿¡Pero qué clase de desalmado ha tenido semejante ocurrencia!? A mi mente vienen imágenes de la saga de SAW...  ¡Por los clavos de Cristo! ¡Que alguien pare esto!...

Hemos hecho todo lo que hemos podido, pero...El siguiente soy yo... y empiezo a ponerme realmente nervioso mientras cuento cada minuto que pasa. Mi enfermera se asoma por la puerta y pronuncia mi nombre con una cínica dulzura. Pero... pero... Si ni siquiera han empezado con Leopoldo ... Su ojo todavía nos mira impertérrito a través de la pantalla. En fin. Me levanto lentamente, inseguro de que mis piernas vayan a sostenerme. Y digo yo... ¿no me podría quedar a ver mi operación por la tele ?. Total, seguramente sea más entretenido que estar ahí dentro. Mi familia me hace un gesto condescendiente con la mano. Tampoco van a hacer nada por mi... Estoy sólo en esto.

Paso a una pequeña salita, contigua al quirófano donde en ese preciso instante Leopoldo consume sus últimas horas. La enfermera me hace ponerme un gorrito de tela verde y esos ridículos pantuflos para no pisar el impoluto quirófano con mis zapatos infectos. A continuación me inocula un par de gotas de anestésico en cada ojo y me dice que permanezca allí sentado, con los ojos cerrados hasta que me llamen. Creo que lo hacen a propósito. Te dan tiempo para pensar, para que caviles y te angusties con tus miserias... para que sufras, mientras ellas te observan con sonrisa diabólica desde el otro lado de la puerta. La presión psicológica es grande.

De repente, una voz profunda, como un rugido, me sobresalta: "¡Levanta la barbilla, por favor!". La voz viene del quirófano... Es el doctor. Y parece cabreado. "¡¡Leopoldo, que levantes la barbillla!!" ... Dios mío, ¿qué está pasando ahí dentro? ¿Qué estáis haciendo con el pobre Leopoldo? ¡Dejadle, desalmados!... Mis piernas empiezan a temblar, y mi corazón está golpeándose contra mi pecho intentando escapar. Agudizo el oído, intentando captar algo más... pero se hace el silencio más absoluto. ¿Habrá acabado su sufrimiento? Creo que van a ser los minutos más largos de mi vida...

A los pocos segundos, se abre la puerta del quirófano. Una enfermera acompaña a Leopoldo, que sale arrastrando los pies, hasta otra sala. Yo permanezco con los ojos cerrados... no me atrevo a mirarle a la cara. Diría que el doctor le ha dejado un puñetazo marcado en el rostro, por no haber levantado la barbilla a tiempo. No vale la pena luchar contra ellos, camarada. Son más fuertes que tú.

Empiezo a sudar mientras mientras pienso qué me tendrá reservado el destino a mi...

"Miguel Ángel, puedes pasar..."

(Continuará)
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4 comentarios:

redondeado dijo...

Bueno, menos mal que te estoy viendo a pocos metros de mí, que sino podría pensar que has escrito el artículo con un teclado braille o que lo has dictado con una herramienta de voz a texto.

Qué tensión. La redacción me ha enganchado más que el primer episodio de Flashforward.

Niños, no os perdáis la continuación en la que seguramente

***ATENCIÓN SPOILER***






















incluso averiguaremos algo sobre la eterna pregunta ¿a qué huelen las... retinas?

Miguelón dijo...

Jejejeje... ya has adelantado el "final" satisfactorio... Pero no os perdáis el segundo capítulo y final de la saga. Habrá detalles escabrosos...
Y sí, responderé a esa pregunta :D

Il Venturetto dijo...

Bueno, si estás escribiendo y currando sólo puede significar que todo ha salido bien y que soy un gilipollas al que se le olvidó por completo el día D.

¿"enfermeras jóvenes y angelicales"? ¿Pagaste algún plus?

Por cierto, mis pesadillas tienen un nuevo actor invitado: Leopoldo.

Y me entran ganas de desvelar a qué huelen las retinas, pero me voy a callar para mantener la intriga... y porque me entra hambre xDD

Miguelón dijo...

¿Plus? Je. Por el precio que pagué, las enfermeras jóvenes y angelicales tendrían que haberme hecho algún "trabajito extra"...

En cuanto a Leopoldo, en realidad es un personaje ficticio que he creado para atormentarte. xDD... (no, en serio, es real).

Ah!, Y sí... eres un gilipollas... pero eso ya te lo iré a la cara xDD.

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